"Hocus Pocus" de Kurt Vonnegut.

Sortilegios verbales que emplea el protagonista para embelesar a su interlocutor, ya se trate de una nación embarcada en una guerra infructuosa que merece ser engañada a golpe de propaganda para justificar su atrocidad y su crimen o de mujeres que servirán para saciar su apetito sexual.

Palabras mágicas que embaucan, hocuspocus.

Una historia de la que desconocemos el final, como la vida misma, contada en prisión, un “discurso desde el patíbulo”. La vida es una prisión donde todos fracasan y que hace del fracaso el acontecimiento más importante para cualquiera. Porque sólo hay locura, desde la sociopatía a la depresión, y una puerta de atrás, el suicidio.

Análisis de la mezquindad humana y su estupidez, de su codicia e hipocresía, y también la cartografía crítica de una nación decadente “cuyos bienes habían sido vendidos a extranjeros; una nación abrumada por toda clase de plagas incontrolables, por la superstición, el analfabetismo y la hipnótica televisión; una nación donde los pobres no tenían acceso a los centros de salud”, dirigida por anglosajones blancos, sustentada por una férrea maquinaria militar.
Por lo tanto, suerte de alegato antibelicista, porque para combatir el mal es menester roer sus raíces. Crítica a la cooperación esencial de los gobiernos con el crimen, la barbarie y la desgracia, y alarma contra la vanidad, la necedad y la avaricia que promueven guerras. ¿Qué se puede esperar de una institución donde la delación es un acto de honor?
Ningún acontecimiento es tan desgraciado como un conflicto bélico. “Qué vergonzoso resulta el ser humano”.

Historia sobre cómo las escuelas se vuelven penitenciarías y los maestros guardianes, sobre los peligros de instruir y alimentar los sueños de los más desfavorecidos, sobre lo fácil que es pasar de ser un héroe a un elemento peligrosamente subversivo por decirles la verdad a los niños y a los presos.

Porque lo único que merece ser combatido y subvertido sin tregua, a riesgo de que te condenen, es la ignorancia.
Y el único fin legítimo de cualquier arma es ser fundida para transformarse en campana.

Por cierto, no lo busquen en castellano, la última vez que se editó fue en el 95 y no ha sido rescatado, prueben suerte en las librerías de usado o las bibliotecas.